EL JUEGO, FACTOR DE MADURACIÓN PSICOMOTRIZ

              


          El progreso y evolución de la psicomotricidad en el niño son determinados por factores internos como la maduración del sistema nervioso, el perfeccionamiento y evolución sensorial, así como el fortalecimiento muscular, procesos complementados, a su vez, por factores externos como la estimulación temprana o la intervención oportuna del adulto, quien en su papel de padre de familia o de maestro debe interactuar con el niño.

           Los primeros pasos del bebé se afirman. La prensión se adapta pero sus progresos permanecen globales.

La edad de 2 a 6 años se caracteriza por la adquisición progresiva de la precisión en el gesto y la organización del movimiento en el espacio.

El juego cumple esta función de ajuste de la motricidad y puede ser visto bajo dos aspectos: el de desarrollo motor general y el de los músculos pequeños. Los dos deben desarrollarse paralela y recíprocamente a medida que el niño va consiguiendo la maduración nerviosa.

Lo esencial en el niño es la conquista del equilibrio y el perfeccionamiento de la destreza manual que ya comenzó desde la cuna con los juegos de las manos.

Para el desarrollo motor general usaremos la pelota que tira, pierde, recoge, persigue a veces con su pie. Las construcciones con grandes bloques para acumular, superponer, alinear o agrupar de diferentes formas, son también excelentes.

           La edad de 3 a 5 años es la etapa sensorio-motriz por excelencia: lo mismo monta un triciclo, que se deja deslizar por un tobogán, sube y baja la escalera con los dos pies o con uno. En toda escuela infantil debería haber un patio o jardín con juegos para todos estos ejercicios.

A los 5 años adquiere más precisión de movimientos: puede saltar. Dirigir una bicicleta, practicar el juego del balancín que supone una coordinación de sus gestos y movimientos con los del compañero.

 

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